
- Diosa Mayahuel - Códice Ríos
El pulque o tlapehue, también conocido como pulmón, tlachique o tlachicotón, es una bebida blanca y viscosa, producto de la fermentación natural del aguamiel, que a su vez se obtiene del tallo del maguey pulquero. La transformación del aguamiel en pulque se produce por la acción de diversos microorganismos –levaduras y bacterias-. El contenido de alcohol de esta bebida fluctúa entre 3 y 6 %, de acuerdo al grado de fermentación.
Usos alimenticios y medicinales del pulque
En México crecen un mínimo de 136 especies de magueyes, el aguamiel se obtiene del maguey pulquero, del que existen muchas variedades, entre ellas los agaves astrovirens, salmiana y americana. Comúnmente se les llama ayoteco, cimarrón, penca larga, mano larga y criollo, entre otros nombres; éstas y otras variedades pueden encontrarse principalmente en los estados mexicanos de Hidalgo, Puebla y Tlaxcala.
Entre los defensores de esta ancestral bebida, se dice que el pulque es de uso medicinal debido a que favorece la regeneración de la flora intestinal, y auxilia en la solución de padecimientos renales. Según Guillermo Espinosa, autor del Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana “se ha demostrado su efectividad en el tratamiento de úlceras gastroduodenales, gastritis y esofagitis…”
De acuerdo a Bernard Ortíz de Montellano, la dieta del otomí se sustenta principalmente en el consumo de pulque, “esta bebida contribuye con el 10 % de la tiamina, el 24 % de la rivoflavina, el 23 % de la niacina, el 48 % de la vitamina C y el 36 % del hierro” que necesitan para subsistir. Para los otomíes y muchos otros mexicanos, el pulque, además de ser ingrediente básico de su cultura alimentaria, es también un sustituto del agua ahí donde ésta es escasa, como en el valle del Mezquital, estado de Hidalgo.
En tiempos ancestrales esta bebida tenía usos rituales y medicinales y, debido a sus efectos y procedencia divina, únicamente podía ser consumida por la nobleza y la clase sacerdotal, quienes la ingerían para acceder a estados alterados de conciencia que les permitían recibir mensajes divinos. Toda persona que lo consumiera sin permiso, o al margen de la ritualidad, pagaba tal atrevimiento con su vida.
Origen mítico del pulque, néctar de dioses
Los mitos mexicas cuentan que Ehécatl-Quetzalcóatl - viento cósmico-, se había prendado de Mayahuel, quien habitaba en el cielo. Mientras ella dormía con sus hermanas y abuela –un demonio de las estrellas-, Quetzalcóatl subió al cielo y convenció a Mayahuel de bajar a la tierra, en donde para estar siempre juntos, ambos se convirtieron en un árbol de dos ramas. Cuando la abuela de Mayahuel se enteró, cortó el árbol y lo dio a comer a los demonios. Quetzalcóatl rescató los restos del cuerpo de Mayahuel y los quemó, de sus cenizas nació el primer agave.
En la iconografía prehispánica resguardada en el Códice Ríos, Mayahuel aparece con cuatrocientas pencas de maguey, significando el mismo número de senos que alimentan al hombre con su leche blanca, el pulque. Esta deidad, lleva una nariguera en forma de luna creciente, con lo que “el pulque y el maguey aparecen así asociados a la luna, es decir a lo femenino, a la fecundidad, la lluvia, a la naturaleza y a sus ciclos”. El pulque es la bebida que ingirió Quetzacóatl, quien avergonzado por su borrachera, abandonó a los mexicas partiendo hacia el oriente y prometiendo volver.
Con el tiempo, los pobladores del centro de México domesticaron el maguey, aprovechando sus fibras, con las que elaboraban telas que cosían con las espinas de la misma planta. El alto tallo de la flor del agave era usado como viga para sostener los techos, con las pencas envolvían y horneaban sus alimentos y techaban sus habitaciones, la piel de las pencas era usada para elaborar papel, y con el aguamiel saciaban su sed y producían el tlapehue, la bebida ritual prohibida.
Las pulquerías, espacios recobrados
Con la llegada de los españoles a Mesoamérica y pese a los castigos corporales que éstos imponían, los indígenas comenzaron a ingerir pulque de manera cotidiana, conservando el mito de la procedencia divina de esta bebida, que sigue latente en el imaginario colectivo.
La producción y consumo de pulque se generalizaron, trayendo consigo una cierta bonanza y el surgimiento de una clase social conocida en los ambientes intelectuales mexicanos como la “aristocracia pulquera”. Así, durante el Siglo XX las pulquerías se reprodujeron, deviniendo imprescindibles espacios de interacción social.
La mayor parte de las pulquerías tenían el piso cubierto de aserrín, o de tierra aprisionada, a fin de que los bebedores cumplieran con el ritual de ofrendar un chorro de esta bebida a la madre tierra para que ella también saciara su sed. El paisaje de pueblos y ciudades mexicanas se ornamenta todavía con las coloridas fachadas de las pulquerías, cuyas pinturas murales aluden a la vida en México, el pasado prehispánico, o las escenas costumbristas que se desarrollan en su interior.
El ocaso del pulque inicia alrededor de 1920, cuando el gobierno en turno implementó una campaña para desalentar su consumo porque lo consideraba "embrutecedor" y "antihigiénico". Es como consecuencia de esa campaña que los mexicanos comenzaron a abandonar al pulque y a adoptar el consumo de cerveza.
En la actualidad, la industria del pulque lucha por su supervivencia y, aunque parece extinguirse, el tlapehue todavía se expende y consume en las pulquerías, espacios que permiten que los habitantes de los barrios construyan una cultura en torno a esta bebida, néctar de la madre lactante que es al mismo tiempo medicina, alimento y comunión espiritual.
